| Escrito por Aldo Sauda, de El Cairo |
| Jueves 25 de Julio de 2013 22:11 |
Revolución expone disputa entre Qatar y Arabia Saudí por los rumbos de EgiptoLos carteles en la plaza Tahrir no dejan espacio para dudas. En ellos, por encima del símbolo de la red Al Jazeera, cubierto por una mano ensangrentada, hay una frase clara y directa: “una bala puede matar una persona, pero una cámara que miente puede matar una nación”. En Egipto pos 30 de julio, la emisora de propiedad de la monarquía de Qatar no es bienvenida.
La razón por detrás del odio a Al Jazeera es simple. A causa de su asociación a Qatar, el canal es considerado aquí como “una organización extranjera subversiva”. No por casualidad, el día de la deposición del presidente Mohamad Mursi, la emisora tuvo sus reporteros prendidos y el material confiscado.
En Egipto de hoy, el canal panarabista del momento es Al Arabia, una versión saudita de Al Jazeera, con una línea abierta de apoyo al Ejército. En realidad, no hay sólo un cambio en el canal de televisión: Arabia Saudí está volviendo con todo a la política egipcia.
Tradicional apoyo de Mubarak, después que la Hermandad Musulmana fue derribada, la monarquía saudí se movió para garantizar, en el corto plazo, una mínima estabilidad financiera al régimen. Cinco mil millones de dólares en ayuda a Egipto fueron anunciados por los sauditas inmediatamente tras la caída de Mursi. Los aliados de los sauditas en el golfo también se movieron para apoyar los generales: según las promesas, serán prestados a Egipto 3.000 millones por los Emiratos Árabes Unidos y 4.000 por Kuwait.
La medida del bloque pro-saudita en apoyo al régimen viene para llenar un agujero que será dejado por Qatar. Desde el año pasado, Doha inyectó 8.000 millones de dólares en la economía egipcia, incluyendo la compraventa de 3.000 millones en títulos de la deuda pública realizada el mes pasado. Además de la monarquía, Turquía, otro aliado de los “Hermanos”, había prestado a lo largo del último periodo 2.000 millones al gobierno de Mursi. Egipto, que hasta la revolución poseía una deuda externa relativamente pequeña, hoy está hundiéndose en el rojo.
Rivalidades regionales
Las revoluciones árabes, al desequilibrar el orden político de Oriente Medio, inevitablemente debilitaron al principal guardián árabe de la estabilidad regional: Arabia Saudí. La atenuación de su rol de submetrópoli, sin embargo, acabó por fortalecer el otro polo político árabe de la región del golfo; el Emirato de Qatar.
La rivalidad entre Qatar y Arabia Saudí es relativamente nueva en el escenario político de la región. Su origen se dio en 1995, cuando el príncipe Hamad Al Thani dio un golpe palaciego y retiró del poder a su padre, el emir Khalifa Al Thani. La medida de Hamad enfureció a los sauditas, menos por el contenido que por su significado: una quiebra en la plantilla de sucesión horizontal impuesto por Rihad a toda región del golfo.
Para evitar una crisis en la familia real saudita, entre los 45 diferentes príncipes herederos, se decidió, después de la muerte del rey Abd Al Aziz Al Saud, que la sucesión monárquica en el más rico de los países árabes se daría de forma horizontal. En Arabia Saudí, el trono monárquico no es pasado directamente del padre para el hijo más viejo, sino que es entregado del hermano más viejo al hermano más joven, hasta que toda una generación de príncipes se agote. Cuando esto ocurre, el más viejo de los nietos de Abd Al Aziz asumirá el poder, dando continuidad al sistema de sucesión.
El temor de los sauditas de que una disputa interpalaciega destruyera el reino llegó hasta tal punto que la monarquía decidió imponer tal plantilla en todos sus vecinos, creando así una regla regional. Cuando Hamad derribó a su padre del poder, evitando así que sus tíos eventualmente dirigieran el país, el nuevo rey amenazó una estructura política extremadamente delicada en la península arábiga.
Temeroso que los sauditas intentaran derribarlo, o hasta invadir su país como punición por la quiebra de la regla de la sucesión, Hamad inició una serie de aventuras para colocar a Qatar en el mapa político y así protegerse de su vecino. Comprobando su sumisión a los EEUU, el Emirato autorizó a Washington a construir su centro de mando en el país. La base americana en Qatar es la principal de la región. Junto a su política pro-imperialista, el soberano de Qatar fundó un canal de televisión mundialmente famoso: Al Jazeera.
La línea editorial de Al Jazeera consistía en hacer una denuncia rigurosa de las traiciones de los sauditas a la causa árabe, presentando a Qatar como potencial alternativa política. En este proceso, Hamad buscó aproximarse a la Hermandad Musulmana que, desde los años 90, estaba en choque con Rihad.
Al Jazerra abrió enorme espacio a los Hermanos, inclusive colocando en su programación oficial al famoso predicador pro-Hermandad Youssef Qaradawi, cuyo programa de televisión, similar a de los pastores evangélicos brasileños, atrae alrededor de 60 millones de telespectadores. Qaradawi, así como la Hermandad, se posiciona como una voz moderada entre los islamistas radicales, teniendo, en líneas generales, una política menos ortodoxa que los programas islamistas de TV asociados a Arabia Saudita.
No por casualidad, cuando el gobierno pro-Arabia Saudí de Hosni Mubarak comenzó a tambalear en Egipto, Al Jazeera jugó toda su influencia en la región para ayudar a derribar al presidente egipcio. Presentándose como el “canal de la Revolución”, Al Jazeera fue vista por muchos como el principal instrumento de los manifestantes en el derrocamiento del dictador.
Después de la elección de Mursi, un gran esfuerzo coordinado Qatar entró en escena para intentar fortalecer al gobierno de los Hermanos. Además del apoyo irrestricto del canal de TV bajo su control, Dubai inyectó miles de millones en la economía local. Hoy, con la caída de Mursi, Arabia Saudí vuelve a asumir la posición de patrono financiero del país.
La crisis no pasa
Después de la caída de Mursi y el anuncio de los préstamos, la bolsa egipcia se disparó en más de 10%. La razón para el entusiasmo de los poderosos, sin embargo, es limitada.
Desde el inicio de la revolución, las reservas de divisas se derrumbaron. Fueron de 35.000 millones de dólares a sólo 15.000. Tales números, sin embargo, pueden ser excesivamente optimistas. Según artículo publicado en Al Jazeera, esta última cifra incluye “bienes no líquidos como oro, e ignora las enormes deudas de la estatal de petróleo. La situación financiera real del banco central, en otras palabras, puede muy bien ser negativa, debiendo más a la industria petrolera y a acreedores que las reservas disponibles”.
Tal hecho explicaría la imposibilidad del gobierno en concretar contratos internacionales ventajosos de petróleo con el estado libio. Los bancos internacionales, temiendo un impago egipcio, se han negado a conceder una carta de crédito a la operación comercial, debilitando aún más la economía del más populoso país árabe.
Según apuntan los números, hay aumento del desempleo, caída drástica en el turismo (principal motor de la economía) y un rápido proceso de desindustrialización, resultado del cierre de miles de fabricas.
Para agravar aún más la situación, hay sólo dos meses de reserva de trigo en los almacenes del Estado. El dinero prometido por los sauditas ciertamente servirá para cubrir este agujero. Hasta cuándo el régimen conseguirá equilibrarse apoyado en sus aliados del golfo es una pregunta que está presente en la mente de todos. Es dentro de este contexto que se de la política externa del régimen militar.
El “inevitable” FMIA la corta o a la larga, todo indica que Egipto tendrá que correr en dirección al auxilio del FMI para proteger al capitalismo local. El recetario de la institución, como es de esperarse, es poco sensible a la revuelta de las calles. Incluye cortes en los subsidios de combustibles, electricidad y trigo, las principales fuentes de vida de la población. Tales cortes probablemente desencadenarán una onda revolucionaria de proporciones aún mayores que las que ocurren hoy.
Llega a ser impresionante el fundamentalismo neoliberal del FMI. Es incapaz de ver que, si los subsidios son cortados en Egipto, una revolución que objetivamente se confronta con el capitalismo a escala global, sólo será fortalecida. Aún así, no hay “diálogo” con el órgano representante del capital financiero. El FMI ya dejó claro, a lo largo de las negociaciones de 2012-13 que, si Egipto quiere préstamos, tendrá que eliminar sus pocas políticas sociales.
Independiente de la voluntad de los militares, y para suerte de los revolucionarios, la dinámica de la crisis capitalista en el mundo árabe mantendrá, por muchos años, la llama revolucionaria encendida.
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