Por Valerio Arcary, Profesordel IFMA (Sao Paulo)
(Traducción del PT – Sección costarricense de la LIT-CI)
Los símbolos son menos importantes que las ideas. Es verdad. No es una cuestión de principios levantar banderas en todos los actos. Es una escogencia táctica, por lo tanto, en última instancia, depende de la correlación de fuerzas. Bajo una dictadura no levantamos banderas, sino seremos encarcelados. Y solo los idiotas actúan sin medir la consecuencia de sus actos. No somos gente temeraria, ni obtusa. Pero hay una cuestión de principios dentro de la polémica sobre bajar o no las banderas.
Queremos presentar nuestra opinión, con franqueza, a toda la izquierda, en especial los más jóvenes. Sabemos que tienen dudas. Es razonable tener dudas. Al final, son millares gritando “¡Sin partido!” y eso impresiona. Pero es bueno saber que la lucha política es casi siempre así, difícil, porque es contra la mayoría.
Cuando estamos ante grandes movilizaciones de masas, con millares de personas, en condiciones de libertades democráticas, en que no seremos apresados por la policía, no es solamente un derecho, sino, también, un deber de los socialistas levantar sus banderas. Muchos concuerdan con nosotros que es un derecho, el derecho elemental de la libertad de expresión, pero desacuerdan en que es un deber. Queremos explicar porque es un deber. Nuestra opinión es que el oportunismo no es levantar las banderas, sino al contrario, esconderlas.
Los revolucionarios pueden y debe usar los métodos conspirativos contra la policía, los patrones, ytodos los enemigos para protegerse. En condiciones adversas, entramos en la clandestinidad, si es necesario. Pero, aún en esas condiciones extremadamente difíciles, con las medidas de seguridad necesarias, no escondemos por lo que luchamos delante de los activistas. Y lo hacemos porque los socialistas tienen el deber de no esconderse del proletariado.
Lo que nos hace actuar así es simple: la honestidad política nos obliga a decir quienes somos, y cuales nuestro programa. Sabemos que el proletariado no concuerda, actualmente, con el proyecto de la revolución brasileña. Sabemos que hoy estamos en minoría. Pero solo podremos ser mayoría, un día, cuando se abra una situación revolucionaria, si tuvimos la coherencia y honradez de defender el programa en cuanto fuimos pacientes, pero, corajosamente, una minoría. Confiamos en el proletariado y en su vanguardia, porque es con ellos que queremos hacer la revolución brasileña. Confiamos en los trabajadores, hasta cuando ellos no confían en sí mismos. Queremos cambiar el mundo, pero, para eso, es preciso cambiar a las personas. Cambiar a las personas es hacer política, y la lucha política es una lucha educativa.
Somos honestos, y decimos quienes somos y porque luchamos. Y esto no es fácil. Porque, la mayor parte del tiempo, defendimos nuestras ideas revolucionarias en situaciones políticas en que la mayoría de los trabajadores no concuerda con nosotros. Sería más fácil adaptarnos, y decir solamente aquello que las mayoría, en las fábricas y escuelas, quiere oír, porque ya concuerdan. Queremos ser un instrumento de organización para que ellos, trabajadores y jóvenes, puedan luchar y vencer contra el capitalismo. No escondemos nuestra identidad, no nos enmascaramos detrás de siglas oscuras y mutantes, no presentamos nuestra identidad por la mitad. No queremos el apoyo fácil, no queremos ser votados sin que los trabajadores sepan por quienes están votando. No somos oportunistas, somos honestos.
No lo hacemos porque queremos “figurar”. No somos una marca que precisa de publicidad. No estamos vendiendo nada. Estamos defendiendo un programa. Nosomos surfistas de luchas, somos parte, lado a lado, de los agitadores y organizadores de las luchas. Quien está en las huelgas y luchas de los últimos cuarenta años puede no estar de acuerdo con nosotros, pero no puede negar nuestra dedicación, honestidad y coraje. Ya tuvimos errores (¿Y quien no?),pero siempre estuvimos del lado correcto de las barricadas. Siempre estuvimos al lado de los trabajadores, de la juventud, de los explotados y oprimidos.

