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Second Letter from Egypt: Egyptian D Day

Directo de Egipto II: El día P

Escrito por Luis Gustavo Porfírio – PSTU

Domingo 06 de Febrero de 2011 23:25

Lea el relato del corresponsal de Opinião Socialista y Correo Internacional en El Cairo sobre el Día de la Partida.

El imperialismo norteamericano se enorgullece de su Día D en la II Guerra Mundial, omitiendo en general que sólo tomó la decisión de anticipar el ataque, junto al aliado inglés, cuando vio que las tropas rusas comenzaban a avanzar en territorio centro-europeo. Hoy, el día también tiene una letra, pero es otra, y traduce otros tiempos. Es el Día de la Partida. Y no se dio en un canal helado de aguas turbulentas, sino en las riberas tranquilas del Nilo.

Día santo en el calendario musulmán, el viernes es un día tradicional de protestas tras las oraciones cercanas al mediodía. Esto porque una parte importante de la identidad del islamismo es la Ummah, el sentimiento de unión de la comunidad musulmana. De esa forma, si los musulmanes sienten su comunidad amenazada, el día de la semana preferido para denunciarlo es siempre el viernes.

Hoy (5 de febrero), el sentimiento de unión no era sólo musulmán sino cristiano. Toda la gente vio las imágenes de cristianos protegiendo a los musulmanes durante el salat, la oración. Pero pocos divulgaron la consigna “¡Musulmán, cristiano, una sola mano!”, que simboliza mejor aún el sentido de esa unión: la disposición unida para la resistencia.

El Día de la Partida, había una única mano, pero, como mínimo, dos millones de brazos en la plaza Tahrir. Los organizadores llegaron a contar 3 millones de personas, lo que es posible si consideremos el intenso movimiento a lo largo del día. Estaban todas las caras y todas las formas: algunos con turbantes, otros con sombrero, algunos con casco de obrero e incluso con taqiyahs, los quipás musulmanes, limpísimos; unos con barbas largas, mal cortadas, otros afeitados; usando suéteres, monos, casacas o abayads, una especie de robe masculino; llevando hijabs (el velo), niqabs (franjas de lana y seda) y cabelleras “a la Amy”. Pero el propósito común era dar vuelta la historia del Egipto, del mundo árabe y, por qué no, del mundo todo. Eso era lo que se leía detrás de todos los ojos cuando me preguntaban la nacionalidad, poco antes de la inevitable referencia a Ronaldo.

Moaz, un joven metalero responsable por recibir los extranjeros en la barricada de una de las entradas, y cuya mano vendada apreté con fuerza, olvidando que estaba entre resistentes accidentados, me explica cómo funciona la organización de la plaza. Comprendo inmediatamente la necesidad de pedir DNI y revisar a las personas que entran (con extremo celo y repetidas veces en los varios cordones de control), un aprendizaje incorporado después que hordas de jinetes y camelleros hicieron cargas de caballería sobre la multitud el miércoles pasado (las primeras escenas de la barbarie de Mubarak que chocaron el mundo).

Le pregunto al fan de Led Zepellin si el aprendizaje continuará después de Mubarak. Él me responde que “la organización va a continuar, el pueblo es quien tiene que gobernar”. Algunas horas antes que yo entrase, un grupo de doscientos apoyadores de Mubarak intentó aproximarse a aquel sector para tirar piedras a los manifestantes. La comisión liderada por Moaz los frenó y los hizo retroceder tres manzanas. Esta vez se formaron barricadas y piquetes de hombres en cada línea de defensa. El destacamento de Moaz rodeaba un tanque del ejército con cuatro soldados que balanceaban los pies, saludaban a los guardias y fumaban tranquilos. Por lo tanto, ya no podía decirse que ese tanque, específicamente, cuidara la entrada contra las bandas. Más bien, al contrario: eran los manifestantes democráticos que abastecían la guarnición.

Más tarde, vi un círculo de hombres de mediana edad que enseñaban sabidurías de la vida, útiles en la política, para soldados que no conseguían disfrazar el interés. Intrigado, le pregunté a Abdul Rahman, funcionario antiguo de la Egyptian Air y manifestante entrenado en lenguas latinas, que ganaría el ejército con la caída de Mubarak: “Cuando él caiga, todos quedaremos felices. Todas las familias, incluyendo la de los militares, tienen uno o dos desempleados”. Pero inmediatamente enfatiza, sobre el nuevo poder: “No más militares”.

Ya Mohammed, un ingeniero civil desempleado de 30 años, llega a la misma conclusión, por otros caminos: “Ellos no van a ayudar el pueblo, sólo están esperando que el pueblo derribe a Mubarak”. Un muñeco colgado por el cuello en lo alto de un poste de la plaza Tahrir, sin embargo, muestra que el pueblo no quiere sólo derribar a Mubarak, sino colgarlo.

El ejército es el elemento clave de la situación, mientras la movilización continúe fuerte y su ímpetu destroce la vana alternativa de las bandas de Mubarak y sus policías. Con la crisis abierta, los altos oficiales saben que no pueden obedecer a un gobernante desprestigiado, pues ahogar los manifestantes en un baño de sangre mancharía la imagen de la institución en nombre de un dictador con los días contados (aunque el pasado nasserista haya incluido represión violenta a protestas comunistas). Más aún, saben que no deben exigir a sus oficiales de baja graduación y a los soldados que se vuelvan contra la masa que los acogió, requisitó y agradeció en la autodefesa contra una policía sanguinaria y corrupta.

Finalmente, en la cabeza de los jóvenes soldados debe estar bien marcada la principal consigna de hoy: “Erhal”. Significa en árabe algo así como “Fuera” y recorría en ondas a las masas agrupadas en Tahrir. Esparcidos en varios puntos de concentración para discursos o atareados en las diversas comisiones (seguridad, provisiones alimentación, atención médica), al oír la “onda Erhal” todos levantan los brazos, gritan, agitan los ánimos y recuerdan, finalmente, por qué están allí.

Están allí, el día P, para decir adiós al déspota y bienvenida al espíritu revolucionario.

¡Thawra hatta an-nasr! (¡Revolución hasta la vitoria!)

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Luiz Gustavo Porfirio es historiador e investiga la causa palestina y la lucha del pueblo árabe. Vivió en Líbano y otros países de la región. Es militante del PSTU y de la LIT-CI. Está en Egipto desde el día 2, como enviado especial del periódico Opinião Socialista y Correo Internacional. La cobertura será hecha a través de textos y conversaciones por teléfono, disponibles en el portal del PSTU y en el blog http://umbrasileironoegito.wordpress.con (en portugués). Además de eso, se enviarán pequeños informes por twitter, en la cuenta @diretodoEgito.

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